Amiga de Pozo Almonte se arrodilla frente a mí

Arrodillada frente a mí, puedo ver su rostro con esos ojazos inmensos que se abren como platos cuando se traga mi pichula. Cada vez que visito mi pueblo la cito en mi casa para poder disfrutar de sus caricias orales. Sobre todo en la noche, cuando la oscuridad es propicia para ocultar a los infieles, porque ambos somos casados y nuestros respectivos cónyuges sospechan que nos vemos a escondidas, pero nada pueden hacer para evitar que la pasión nos desborde cuando estamos a solas. Entre cuatro paredes que son mudas testigos de nuestros encuentros clandestinos y sumamente ardientes, además de muy húmedos.

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