Casi virgen de Punta Arenas, entregué mi asterisco ese día

Dudé mucho antes de entregarme a mi enamorado. Yo no era virgen pero había tenido malas experiencias anteriormente y no quería volver a equivocarme. Pero cuando lo decidí me entregué completamente a él, sin dudas ni murmuraciones, solo entrega total. Llegó el momento y grité tan fuerte que él se sorprendió y me dijo que le gustaban las perras quejonas, pero que nadie se había quejado como yo. Le dije que era porque lo amaba. Entonces me comenzó a reventar la vagina a vergazos constantes una y otra vez. Todo era excitante como nunca lo había sentido. Fue maravilloso y sumamente placentero.

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