Estaba dormida y la desperté a punta de manoseos

Dormida con un negligé azul estaba esa sensual rubia que no se olía lo que sucedería a media noche cuando llegué a manosearla con mis manos calenturientas. La sobé por todas partes y terminé acariciando su rajita, primero con la punta de los dedos y luego con mis dos manazas. No dejé milímetro de su piel sin recorrer. Es que esa tremenda hembra se merecía toda mi atención sin ningún tipo de moderación ni conmiseración. Soy un poco lento a veces con las mujeres pero cuando cojo confianza soy muy rápido y no tengo inconvenientes en ser audaz y hasta temerario.

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