Madurita de Chiloé me dejó sin gota de leche

Bastaron un par de copas de vino para que la madurita se ponga recaliente. Como se había divorciado hace poco estaba en ayunas así que yo me convertí en su juguete sexual por unos días, pero fue un sacrificio que acepté de buena gana. Era un trabajo duro pero alguien tenía que hacerlo por lo que mi instrumento la exploró por todos sus agujeritos. Como algunos no tenía mucho uso en los últimos meses pude gozar de su estrechez temporal antes de volver a dejarlos bien abiertos. A la hora de clavarla en la pose del misionero pude hundirme en un pozo húmedo y lujurioso.

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